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Enemigos Irreconciliables || Tatiana

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Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Connor N. Zaitsev el Sáb Jul 26, 2014 8:09 pm

27 de Julio 2014

Su ansiedad comenzaba a ganarle la batalla, estaba rodeado de inútiles perezosos con un compromiso nivel equivalente a cero, sentía que si nadie era capaz de hacer las cosas debía ser él quién tenía que echarse otro fardo más sobre la espalda mientras el montón de hurones dormían y comían disfrutando de una gloria inmerecida. Era él quién organizaba y a quién el cerebro le trabajaba de forma continua al punto de despertarse a mitad de la madrugada con alguna idea súbita sobre que hacer y en dónde un golpe sólido causaría más daño.Todo eso eran cosas que el no había previsto al desertar de la FSB pues había confiado en que no estaría sólo y existirían más integrantes que ayudarían a la causa, que sentían lo que él y que podían privarse de algunas comodidades con tal de lograr sus objetivos. Jodida manga de embusteros habían resultado ser, pues ni soportaban bien la incomodidad, las privaciones y mucho menos sostener una tarea entre manos, todo era demasiado pedir y pronto estaban rumoreando murmurando a sus espaldas que él era un obsesivo déspota que ocultaba su verdadera naturaleza tras una sonrisa brillante y encantadora. Su ira crecía día tras día mientras se acercaba el plazo escrito con rotulador permanente en la pizarra de planes con la que contaban, y nada cambiaba pues tras hacer un par de cosas ya pretendían una felicitación, un trofeo y un puto monumento cuando todos los bustos de la reina Isabel II  fueran reducidos a escombros.

Ya no sonreía, su buen talante se escurría como agua por el desagüe. Estaba aterido, solo y sufriendo por hacerse partícipe de algo que parecía transformarse en viento cada vez que se acercaba. Vivía para una causa y no por querer destacarse, su papel era más activo pues nadie más lo hacía con honrosas excepciones. Aquella mañana ni el ejercicio intenso logró aplacar esa sensación de insatisfacción que alteraba el sabor de sus comidas y cubría con un velo similar a la niebla todo lo que miraba. Estaba defraudado, pero no se iba a dejar derrotar pues podía seguir trabajando sin dormir bien y al menor morir por su sueño. Era aún temprano cuando salió a caminar con el cabello húmedo hacia el mercado, su visión y esa promesa de hallar algunos vinilos o libros le quitaban algo de aspereza. Caminaba erguido y a grandes zancadas intentando no toparse con nadie, no quería desahogarse ni desquitarse con nadie. La caminata representaba un modo de quemar energías pues la distancia hasta la estación de metro era larga. Había bebido café, malhumorado y pensativo mesándose la barbilla en dónde destacaba una barba bien cuidada. Ninguna idea brillante habría cruzado el firmamento de nebulosas que era su cerebro, enfadado como estaba sería difícil que llegase la iluminación deseada. Si su cerebro fuese capaz de hablar le insultaría por no dejarle descansar, hasta sus sueños eran caóticos y en colores como en una sala de cine.

Subió al metro en dirección a Portobello, y se abrió paso entre el gentío de ese día sábado acomodándose al rincón, sin su rostro animado presentaba un aspecto sombrío, notó que algunos le miraban pues resultaba desconcertante e inquietante con sus ojos oscuros, les devolvió una mirada oscura pues no pretendía disimular y ajustó el volumen de su Ipod mientras se subía la capucha de su canguro negro que hacía juego con unos pantalones de buzo del mismo tono. No miró a los lados ni al frente mientras la música rock arremetía en sus tímpanos, sólo miraba hacia abajo a sus zapatillas de caña alta con las que pensaba regresan corriendo, Esa noche sí dormiría, aunque para ello tuviese que llegar a la extenuación de ser necesario, de vez en cuando miraba las estaciones y contaba mentalmente cuantas faltaban, sólo tres y luego dos. Al descender y no dar el paso como hacía, chocó con alguien pero no hizo caso y descendió para echar a andar por el andén, sin embargo un aroma familiar llegó hasta sus fosas nasales y se giró mientras se bajaba los audífonos. No podía creerlo, apretó la mandíbula y el hoyuelo en su mentón se acentuó. Sonrió de medio lado, allí estaba ella...precisamente ella, una mujer tan furiosa como él e igual de letal.

Tatiana...

Connor rió bajo y algo de humor negro asomó a sus ojos, se quedó inmóvil mientras el resto de londinenses pasaban por el lado maldiciendo que no se moviera permaneciendo justo en medio del andén antes de salir al exterior, al bonito mercado con sus coloridos edificios y puestos, el ex agente de la FSB calculaba y  hasta sus audífonos podrían servirle de arma. Una vez que el tren subterráneo se marchó, comenzó a andar hacia ella. No iba a rehuir esa confrontación y ya no le quedaba duda del por qué de la presencia de tantos agentes rusos allí en pleno Londres. Dejó escapar el aire lentamente y acercándose a la mujer la tomó por los hombros para obligarla a acercarse a él sin ninguna elegancia ni asomo de algún tipo de calidez: -Hola ¿Ni un beso de bienvenida,Pávlova?- se preparó para una bofetada.





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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Tatiana M. Pávlova el Lun Jul 28, 2014 10:40 am

Estaba fuera de lugar. Aquel no era su sitio, por mucho que procurara cerrar los ojos y seguir adelante. Jamás pudo haber pensado echarla de menos, ni si quiera en sus mejores sueños, pero así era. Tenía mil y un errores y equivocaciones, sin embargo era su hogar, en el que a pesar de ser ella contra el mundo no se sentía sola. Londres no era más fría que Rusia ni su gente, pero el gris teñido sobre la capital inglesa empezaba a amargarle crónicamente la existencia. Incluso el olor de las calles le resultaba de lo más perturbador. Por esa misma razón no se había permitido conocerla más allá de lo necesario. Pensó en dejar que su ambiente se la tragara para que aquel extraño sentimiento contra la ciudad simplemente desapareciera, pero ni el conocimiento de la lengua le servía: casi no sabía usarlo. Entre suspiros vivía, o lo intentaba, marcando como único refugio existencial su trabajo, que cumplía con mayor religiosidad que en su tierra. Sin ordenadores era como un pez fuera del agua, esperando a ser rescatado y ser llevado a su elemento. Era pura necesidad lo que experimentaba, y por muy mezquino que pudiera sonar en su cabeza, estaba deseando que algo ocurriera para tener algo de acción en la que poder refugiarse.
Era cansino su andar, como siempre que prefería salir con la prótesis en lugar de coger la silla de ruedas. Se decía a si misma que si iba por su propio pie terminaría por ir más rápido, pero sólo lo hacía para no sentirse inútil. Una inutilidad que, no obstante, debería de haber dejado atrás al demostrar día tras día que casi no la marcaba.

Y pensó en ella, en sus padres, en los amigos que había perdido, mientras intentaba buscar la salida hacia el mercado. Había cogido el transporte público, pues hacía años que no se atrevía a conducir un coche, y las líneas de metro la tenían algo perdida. Encogió el rostro al pensar que se había equivocado, chasqueó la lengua y fue en busca de algún mapa subterráneo. Se sorprendió a sí misma al comprobar que lo único que tenía que hacer era ascender por las escaleras que quedaban a su derecha, a unos pocos metros. Tatiana no era fan de salir a la compra, de hecho en Rusia tenía quien lo hiciese por ella, pero ese día quiso hacer algo más que esperar a que la vida pasase. Y dar una paseo, por qué no. El bullicio de un muy transitado metro no interrumpió su ánimo, incluso aunque detestara tener que evitar continuamente el ir y venir de la gente. La canción de fondo ofrecida por un músico callejero amenizaba el paseo, al que le dedicó una sonrisa cuando tuvo que pasar por su lado sin remedio. La rubia se había propuesto ser simpática, quizás algo más agradable de lo que solía ser, y de momento, cuando aún no había tenido que hablar con nadie, lo llevaba bien. Tania prefirió olvidar sus preocupaciones por unas horas, imaginar que el mundo era lo que todos querían que fuera evitando pensar en la escoria que rondaba sus calles.

Salió al exterior tras tropezarse con infinidad de personajes en el camino, abriendo las fosas nasales para respirar toda la cantidad de aromas que se ponían a su disposición. Se agarró la pierna derecha en su último paso, tratando de descansarla con aquel simple gesto. Se quedó quieta, parada en medio del camino sin saber muy bien por dónde empezar a mirar. No buscaba nada en concreto y eso era lo que la hacía dudar sobre dónde ir primero. Frutas a la izquierda, alfombras al frente, antigüedades a la derecha... Nada parecía seguir un orden específico, por lo que decidió, sin más, acudir a la parte derecha del mercado, donde esperaba encontrar algo que la mantuviese entretenida para no salir corriendo. ¡Pero qué puta era la vida! Algo, o alguien para ser concretos, la agarró por los hombros y la arrastró hacia atrás al mismo tiempo que emprendió su camino. La había cogido tan sumamente desprevenida, que casi se cae al suelo del traspiés. Su cara se tornó en un poema bélico en el momento en el que intercambió una mirada con el causante de su casi accidente. Sus ojos se entrecerraron y lo único que se le ocurrió a hacer fue cerrar el puño, hasta clavarse las uñas, y propinarle un derechazo a su querido compañero.— Bienvenido a Londres, Connor. — lo siguiente que hizo fue darle un empujón, que le sirviera para alejarlo más de ella si fuese posible. Sería mentir el decir que no se convirtieron en el centro de atención de algún que otro transeúnte, por suerte los demás estaban totalmente ajenos a la realidad. Demasiado concentrados en coger las primeras rebajas del día. Sentía la necesidad de gritarle, de partirle la cara contra el suelo y recordarle de una vez lo que era ser sensato.— ¿Qué coño te pasa?. — se acercó a él con cada palabra que pronunció casi como si fuese a abalanzarse sobre él, dejando claro que su presencia le había más que estropeado el día. Tatiana le guardaba rencor a quien fue su gran amigo, o al que creyó que fue, y quedó vagamente demostrado con su tono de voz.— Bastardo hijo de puta. — menos mal que pocos o ninguno podían alardear de entender ruso, pues la rubia no tenía otra clase de palabras más amables para el desertor, que era uno de los miembros de Spectre más buscados por los servicios de inteligencia, sobre todo por la rusa. Tenía la potestad de arrestarlo y llevarlo a Rusia si quisiera, pero no podría con él ella sola en ningún caso.— ¿Has venido a quitarles la vida a todas estas personas porque te parecen pocas las que has quitado ya?. — hacía mucho tiempo que Tania no le veía, el suficiente para no poder reconocer en él ni un ápice de todo lo que antes había sido. Echaba de menos a ese Connor. Tenía muchísimas cosas que decirle, pero la rabia no jugaba en su favor.



   
   
   
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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Connor N. Zaitsev el Lun Jul 28, 2014 5:44 pm

No esperaba una cálida bienvenida, ella jamás se la daría pues la traición era la peor de las armas y se traslucía en un sentimiento casi palpable que no se olvidaba por muy buena que hubiese sido la intención, pero rara vez obedecía a otras razones diferentes al egoísmo o la ambición. Se vivía con ese sabor amargo que aparecía al comer, al mirar algún escaparate e incluso hasta al leer un libro. Esa sensación de que nada será nunca igual, que se transita por un camino lleno de fragmentos rotos que resuenan al pisarlos, allí yacen amores,amistades,confidencias y todo lo que conlleva una buena amistad pues eso es lo que ambos habían sido: buenos amigos que logran hallar entre sus diferencias un punto en común tan sólido que eso basta para hacer desaparecer todo lo demás. La alegría, la certeza y el saber que cuando estés triste alguien estará allí para consolarte y contenerte no importa la hora que sea,ni el día o incluso el lugar dónde se esté. Eso fue ella para él y por lo mismo ni siquiera se dio cuenta del momento en que su corazón comenzó a cambiar los sentimientos echando raíces en torno para presagiar algo más duradero. Muchos opinaban que no había nada mejor que un desengaño para hallar la verdad absoluta, la claridad para expresar el cúmulo de sentimientos. En su caso él jamás expresó nada de ese cambio que se adivinaba en la profundidad de sus ojos oscuros...ni lo haría.

La realidad era que ambos escogieron su camino, sus metas y él se sostuvo en sus ideales hasta que éstos sobrepasaron todo, ni amor ni amistad le sacarían de dónde estaba. Nada le iba a impedir seguir en Spectre   y por ello su rostro se endureció perdiendo esa pizca de ironía que le había hecho sonreír en un principio. El golpe de la rubia le dolió, como ese puñetazo lejano que debió ser para ella la deserción de Connor, sólo Tatiana le llamaba por su segundo nombre Nikolay, como si quisiera recordarle su sangre rusa. Él fue apartado por el violento empujón y algunas personas miraron alarmadas, parecían una pareja discutiendo,nada fuera de lo común y menos estando ambos hablando en ruso. No esperaba un recibimiento de besos y abrazos,menos risas. Algo se había roto y lo que está roto jamás vuelve a ser igual,jamás. Él la tomó de la muñeca para jalarla calle abajo, no le importaba su prótesis ni el escándalo, pero nadie intervendría. Los ingleses dejaban que cada uno se ocupara de sus propios asuntos. Connor no cedió ni al oírla jadear, y sólo se detuvo al llegar a una callejuela corta con entrada por un solo lado. Respiró hondo sintiendo el golpe como un latido, como si el puño siguiese incrustado aún en su piel. Le era difícil averiguar si lo que dolía más había sido el golpe o las palabras que ella le lanzó.

-¿Muertos? mi trabajo sigue siendo el mismo, es idéntico al tuyo con la sola excepción de que los enemigos son otros - la miró con dureza y se acercó a ella amenazante -¿Que te importa este país? nuestra patria es otra, Tatiana y la FSB no es mejor que donde estoy ahora, no existen buenos o malos y menos causas justas o injustas...Cada uno de nosotros es quién traza la línea en la que decide moverse -susurró sin dejar de observarla con intensidad, él le había pedido que desertara con él pero ella había escogido su lugar y bando. Se irguió y su expresión cambió a una burlona mientras extendía sus manos -¿Serás tú quién intente llevarme de regreso? sabes lo que la FSB les hace a los traidores, sin duda vas a sonreír cuando me veas muerto -Connor acercó su cuerpo al de la mujer hasta arrinconarla, estaba forzándola quería darle la razón para que se atreviera a golpearlo otra vez, por que así él podría devolverle el golpe y sabía que tenía plena ventaja. Admitía que merecía ese golpe y más, pero confiaba en poder intimidarla para tratar de convencerla de que l agencia para la cual trabajaba era un barco que se hundía sin remedio. Connor deseaba que tras decirse todo lo que pudiesen, hallaran ese punto sólido que era el que les había dado la amistad tan plena de la cual pocas cosas quedaban.





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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Tatiana M. Pávlova el Lun Jul 28, 2014 6:58 pm

Él era ese puñal clavado en el pecho o la espina incrustada en la garganta, era el dolor persistente de lo perdido, la ira por lo añorado, la soledad de los días, la negativa de coger el teléfono y llamar, el apoyo caído, el eclipse que deja ciego. Todo eso. Todo y nada. El calor se agolpaba en cada parte de su cuerpo como una fuerte llama, amenazando con quemarlo todo, incluso a ella misma. Las cosas habían cambiado lo suficiente como para que hasta el asco superara al deseo de estar como antes. Como siempre. Un nudo en el estómago provocado por su presencia le producía un dolor en el pecho, porque que él lo dejara todo atrás fue como haber perdido a un hermano. No la escuchó, tampoco la había creído, sus palabras se las habían llevado el viento junto con las ganas del moreno de hacer lo correcto. Había sido egoísta y tan estúpido que Tatiana desistió de convencerlo de lo contrario. Recordaba cada una de las palabras de advertencia que le había dedicado, cada una de las largas charlas que, contra voluntad de él, le soltó. Apretó la mandíbula, maldiciéndolo por dentro una y otra vez por su falta de cariño, por todas esas mentiras que a su parecer Connor le había dicho a lo largo de los años. La rubia comprendió tras su marcha que dejó un hueco en su vida, un hueco que por desgracia nunca más volvería a llenarse.

Intentó soltarse, por supuesto que lo hizo, y maldijo una y mil veces la pasividad de los ingleses para con esos temas. La pierna izquierda le dolía y casi arrastraba la prótesis para llevar el ritmo acelerado de quien fue su compañero. Jadeó cansada, incluso le dio algún que otro golpe con la mano libre para que la dejara. Nada le impidió al muchacho llevarla donde él quiso. Era la primera vez que Nikolay la trataba de aquella forma, la primera que ella lo miraba con tanto desprecio dibujado en el rostro. Se detuvo cuando él lo hizo, dando un tirón fuerte tras el cual él pareció soltarla.— Tú no tienes patria Nikolay. Tú no tienes nada. — fue tan seca como él y le sostuvo la mirada mientras se alejaba al mismo paso. Unas miradas frías, cortantes y todo lo hirientes que fueron capaces. Se sintió como un gato contra la pared, un gato sin más posibilidades de escapar que la misma suerte. Mas el miedo no era algo que le preocupara, un nuevo empujón para volver a alejarlo de ella fue lo que recibió como clara respuesta.— Si no lo hacen ellos. — hizo una pausa para retirarse de la pared en la cual había sido arrinconada.— Lo haré yo misma. — no parecía vacilante en sus palabras y, sin embargo, su propia guerra interna se despertaba al mirarlo a pesar de que no hubiera salvación para él.— No te has movido ni una sola vez más que por tu egoísmo. — casi escupió las palabras, unas tras otra y sin tomar aire.— Y me convertiste en tu enemiga, a mi y a todo lo que defiendes como patria. — estaba por saltarle encima, por tirarlo al suelo y recordarle que las acciones traen consecuencias.— No eres más que un terrorista, por mucho honor y sentimentalismo que pretendas tener. Una escoria terrorista. — le faltó deletreale la frase para que terminara de entender lo que sentía. Esperaba hacerle entender el alcance de las acciones de una organización como Spectre.— Tú y tus queridas intenciones os podéis ir a la mierda. — sólo buscaba imponer unos ideales hasta por encima de la vida humana, por encima de lo que fuera o fuese. Daba igual el precio. Sus manos se movían con violencia, como si quisieran estrangular las dichosas ideas que le habían metido en la cabeza a su amigo. Por sobre todo deseaba acabar con la vida de aquel que lo consiguió.



   
   
   
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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Connor N. Zaitsev el Lun Jul 28, 2014 8:24 pm

Quién los hubiese visto años atrás, cuando el resto de sus compañeros murmuraban por lo bajo sobre esa cercanía y los rumores se esparcían sobre ellos dentro de su lugar de trabajo. Todas eran personas entrenadas, capaces de ver más allá de lo que parecía evidente y las miradas inquisitivas le hacían sudar dentro de esa máscara perfecta que se ponía todas las mañanas. Tal vez algún gesto lo traicionaba, seguramente el hecho de llevarle café o de almorzar juntos se prestaba para un millón de especulaciones que nadie sería capaz de asegurar. Él era atractivo y poseía una vehemente pasión que hacía creer al mundo que en verdad existía un cofre de oro al final del arcoiris, su lista de conquistas era extensa pero nadie hablaba de ello y él menos, era un caballero al cual le gustaba fomentar ese misterio que lo envolvía como un halo. Era un buen agente, hasta que comenzó a ver más allá como si todo a su alrededor fuese un espejo y él tuviera la capacidad de percibir que se ocultaba detrás, una habilidad útil para quién la posee pero descorazonadora para un alma sensible. Ese era el golpe de realidad que no quería dejar entrar a sus cuatro paredes,  nada era como parecía y sólo la solidez de su carácter le mantuvo allí en pie y aparentemente inmutable. Connor observó a Tatiana recordando a esa amiga, las horas que se sucedían eternas frente a un ordenador y luego en la sala de archivos, era un trabajador obsesivo de esos que llegaban primero y se marchaban al final de la jornada.

Ahora eran dos seres distintos, algo había sucedido que los engulló lanzándolos al otro lado , ideales y patria eran términos con significados diferentes. Él sabía que golpearla equivaldría a la separación definitiva,esa que no da marcha atrás hasta diluir los recuerdos reduciéndolos a sueños imprecisos en dónde no se sabe si fueron eso o parte de una realidad tambaleante. Sus palabras todavía tenían el poder de herirle, le molestaba que no entendiera precisamente ella, tan cercana en un pasado que ambos podrían haber sido dos ramas del mismo árbol. Admiraba su fortaleza, su inteligencia y su carácter que no se dejaba intimidar. Sintió que vacilaba con el segundo empujón y respiró hondo, debía ser astuto y a los gritos no lograrían nada excepto atraer demasiada atención. Frunció el ceño mientras llegaba a ellos el aroma del mercado, olor a especies exóticas y a preparaciones dulces. Ni siquiera había reparado en el hermoso entorno, sólo veía a Tatiana furiosa y desolada. Él resopló e intentó tomarla de la mano, al no lograrlo se acercó y puso ambas manos sobre el rostro ajeno.

-Mírame... - murmuró sacándose de encima el enfado, la miró casi con tristeza. Con esa pesadumbre con lo que se observa algo que sabes no volverá a ser igual -Ningún sistema es perfecto, tú lo sabes  y en nuestra historia tenemos tantos horrores como otros...No me voy a justificar, no soy un terrorista y spectre hace lo mismo que cualquier agencia similar. No soy yo quién mata a personas inocentes, Tatiana - aflojó la presión y acarició su rostro mirándola con la cabeza inclinada, su rostro estaba frío y Connor percibía la tensión en su cuerpo. La soltó poco a poco y bajando la mirada murmuró: - Yo también intenté convencerte de que mi punto era tan válido como el tuyo, si intentaras comprenderlo no me odiarías...No tengo patria, es verdad ni siquiera un hogar digno ni familia ni nada que perdure después de mi, pero es un precio y a veces se necesitan cambios enormes para que la gente abra los ojos - Connor se apartó y la miró directamente, se acomodó los audífonos y retrocedió dos pasos alejándose de ella. Era peligroso que les viesen juntos y echó una mirada alrededor. Una débil sonrisa apareció en su rostro: - Vete, haz de cuenta que nunca me viste o de lo contrario,uno de los dos no volverá a ver la luz del día - señaló con un movimiento apenas perceptible una de las ventanas superiores del edificio de enfrente.                                                                                                       .





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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Tatiana M. Pávlova el Lun Jul 28, 2014 9:10 pm

Le quitó la mano como si fuera un extraño, casi alarmándose de que lo intentara. No quería oírle, no quería que tan si quiera abriera la boca con justificaciones que no la convencerían. Entonces le atrapó el rostro entre las manos y cada músculo de su cuerpo experimentó la tensión y la calma al mismos tiempo. Y lo miró, pero lo hizo distante e insegura, como si en cualquier momento la tranquilidad aparente terminara por tambalearse y precipitarse. Comprobó con tristeza y en primera persona que ya no se fiaba de él, y que probablemente no habría ningún momento que le permitiera recuperarlo. Encogió el rostro, mostrando un desacuerdo que era difícil de despreciar. Sin embargo, aquel momento le permitió viajar a otro tiempo, cuando era más raro verlos separados que juntos, cuando le hubiese confiado hasta la vida. Su padre decía que las cosas pasan por alguna razón, y quizás en aquel caso era así. Por mucho que Tatiana deseara que todo hubiese sido diferente. Suspiró, dejando caer incluso las manos hacia abajo. Le había quitado las fuerzas de pelearse con él. Se la llevó, así como lo hizo con todo lo que tenían.— Esos son tus sacrificios. — en ese momento sí parecía triste, como si finalmente hubiese aceptado que no tenían muchas más cosas que aclararse, aunque sí que decirse.— No decidas los de los demás. — hizo una pausa, empezando a caminar lejos de él una vez más. Algo en ella se había terminado de romper y sólo deseaba que, por extraño que pudiera parecer, en algún momento pudiera hablar con él como antaño.

No te perdono. No lo haré nunca. — le lanzó una última mirada al agente de Spectre, al desertor que había sido su amigo y por el que se sentía abandonada. Caminó con la lentitud característica y tenía la intención de marcharse a casa directamente. Se le habían quitado todas las ganas de ir a mirar gilipolleces. De hecho se le habían quitado las ganas de absolutamente todo.



   
   
   
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Re: Enemigos Irreconciliables || Tatiana

Mensaje por Connor N. Zaitsev el Miér Jul 30, 2014 2:08 am

Todo el mundo hacía sacrificios, por razones que a cada uno le parecerían dignos motivos para que una acción se impusiera opacando a todas las demás. Su mirada lucía así, opaca al darse cuenta de que era capaz de engañar a todo el mundo,menos a Tatiana y que sus argumentos parecían tan poco sólidos que rozaban la ingenuidad, algo que no le estaba permitido, algo vedado al igual que una agrupación de sentimientos. Parte de su pasado y el deseo de dar un paso en falso. Connor deseó retroceder tras sus últimas palabras y reír como habían hecho antes cuando él le jugaba bromas, algunas bastante pesadas para después abrazarla sintiéndose él más consolado al tenerla entre sus brazos. Caminó sólido y no se detuvo hasta avanzar dos calles mientras contaba mentalmente sus pasos, reforzando la idea de no devolverse corriendo para alcanzarla. Todo era un cúmulo de malas decisiones, falsas promesas y una responsabilidad que lo ahogaba a cada minuto. Su deseo de cambiar las cosas iba a terminar por hacerlo sucumbir y su fin sería tan macabro como el de otros ex-agentes que terminaban con un tiro, colgados o muertos en extrañas circunstancias.

No te perdono. No lo haré nunca.

Esa frase resonaba en sus oídos metiéndose en su cabeza, apretó los labios y se detuvo en el paso número 78, se tambaleó como si en lugar de palabras hubiese recibido un disparo y se apoyó en la pared más cercana sintiendo que el suelo era un inmenso agujero abierto junto a sus pies, uno dónde podía caer en cualquier momento. Las lágrimas rodaron por sus mejillas y una sensación de carencia de significado se apoderó de él, apoyó la frente en la sucia pared salpicada de restos de afiches mientras los edificios de colores se burlaban de él, de sus estúpidas decisiones, de la trampa en la que se encontraba y del esfuerzo invertido. Había perdido mucho más de lo ganado, no existiría fruto ni recompensa que valiese lo que esa amistad rota por su propia tozudez le había quitado. Apretó los puños tensos a ambos lados de su cuerpo. No quería ver nada, ni oír nada y el acento cantarín de algunos inmigrantes sólo reforzaban esa oscuridad sin futuro, sin presente y sin esperanzas por haber perdido para siempre a a su admiración, a quién le inspiraba a seguir adelante día a día. Un sollozo se escapó de sus labios y maldijo esa capacidad de herir que tenía quién había sido su mejor amiga y, su amor jamás confesado. Se quedó inmóvil unos segundos con todas sus defensas bajas mientras sólo pensaba que aún era capaz de respirar y, sorprendido también de ser capaz de llorar.





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